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Darío Botero Pérez y su columna…

REAL SUPERA CONVENCIONAL

Darío Botero Pérez

 

 

CONTENIDO

 

1/3 Rutas positivas 1

2/3 Gente imprescindible contra deleznables 5

3/3 Desafío definitivo para la Humanidad 8

 

 

1/3 Rutas positivas

Para desempoderar a los potentados y recuperar el ejercicio del poder que pertenece al pueblo pero a ningún individuo en particular, un paso fundamental que debe dar la Humanidad consiste en tomarse y redefinir todas las instituciones, de todo orden, eliminando algunas y creando otras.

 

Esa es la manera idónea para regir democráticamente la vida de las naciones y los pueblos que las integran, satisfaciendo de la mejor manera posible las necesidades y caprichos de los asociados.

 

Bajo la dirección de la sociedad habrán de conservarse aquellas instituciones que denominamos “empresas” (fábricas, hospitales, escuelas, aerolíneas, zapaterías, guarderías, ancianatos, ganaderías, parques de diversiones, almacenes, hoteles…), caracterizadas porque producen bienes o servicios que aportan bienestar a la población.

 

En cambio, las de carácter político, como los parlamentos, los tribunales y los ejecutivos, perderán su razón de ser en una sociedad democrática auténtica, de modo que habrán de disolverse.

 

Su podredumbre es evidente. Casos como el de Carlos Dívar en España, corrupto paladín de la justicia monárquica obligado a renunciar por apropiación indebida de fondos públicos; o el del parlamento paraguayo destituyendo aceleradamente al presidente Fernando Lugo; o el de Ricardo Martinelli pretendiendo manejar el patrimonio público como su propiedad privada, abarcan a los tres poderes despreciables mediante los cuales les roban la soberanía a los ciudadanos las falaces democracias representativas.

 

Desde luego, los casos de corrupción de los politiqueros con su lacayismo a los potentados son globales y caracterizan la actividad de los enemigos comunes en todo el Mundo, lo cual demuestra hasta la saciedad el carácter antidemocrático y perverso de esos aparatos de embrutecimiento y dominación, que incluyen a las fuerzas armadas dedicadas a reprimir a los pueblos que se atrevan a protestar y exigir respeto.

 

El escandaloso caso de Siria involucra a los tres poderes en la masacre de su pueblo.

 

Constituye una prueba repugnante, contundente y típica de la traición a los intereses populares o mayoritarios, donde y cuando los ciudadanos o súbditos caen subyugadas por la fuerza de las armas empleadas por déspotas megalómanos y sicópatas resueltos a hacerse al gobierno y apropiarse de las riquezas comunes; cuando no es que la farsa de la democracia liberal se impone, si las circunstancias son propicias, para engañar y expropiar a las masas incautas.

 

La diferencia, por tanto, es de forma. Pero en todos esos regímenes, la subyugación de los auténticos dueños del poder es una característica común e indispensable para que continúe vigente la primacía de los potentados caducos, ineptos y perversos.

 

Por fortuna, las multitudes conscientes ya lo han entendido, de modo que están repudiando -y pronto superarán- la impostura representativa tanto como a todos los regímenes totalitarios que se imponen abiertamente por la fuerza, sin tomarse la molestia de armar el tinglado de la farsa electoral.

 

Las instituciones impostoras y los farsantes que medran mediante ellas, serán remplazados competentemente por el ejercicio democrático directo que permita la fijación de normas consistentes y estables, de validez universal, que serán aceptadas por convicción y no por imposición, después de haber sido suficientemente discutidas y decantadas.

 

Para crearlas con decisión y sin prejuicios castradores, conviene entender que el propósito oculto y real de las vigentes que tenemos la obligación de superar, es mantener la explotación de las mayorías productivas, laboriosas, ignorantes y crédulas, fundamentalmente mediante el despojo y la violencia.

 

En consecuencia, la iniquidad se realiza cotidianamente manteniendo a las masas humilladas por la escasez a las que se ven sometidas, lo cual se logra reduciendo sus ingresos monetarios.

 

Al efecto toca entender, entonces, que el dinero es un recurso valioso para agilizar los intercambios en las sociedades mercantiles. Pero, aunque se presta a supersticiones que lo convierten en un fetiche social supuestamente capaz de dotar de poderes extraordinarios a quienes lo poseen, lo cierto es que carece de tales virtudes y no es indispensable para garantizar la supervivencia.

 

Las sociedades no mercantiles -que han sobrevivido durante la vigencia de las mercantiles, y que tienen sus raíces en los míticos orígenes de las formaciones sociales derivadas de los clanes-, son una demostración contundente de que el dinero no es lo fundamental.

 

Inclusive en las sociedades mercantiles altamente bancarizadas, no son los financistas quienes calman nuestras necesidades de consumo, sino sus clientes empresarios, ahora condenados a compartir sus utilidades con unos bancos cada vez más leoninos.

 

Semejante estafa financiera, que subordina al individuo a los caprichos e intereses del banquero, se da no sólo por el pago de intereses a cambio de préstamos (la llamada usura, que se ha vuelto aceptable después de haber sino tan anatematizada), sino porque la mayoría de transacciones que son propias del ejercicio bancario, como consultar un saldo o hacer un depósito, que antes dependían del trabajo humano intensivo, ahora tienen un precio para el usuario, así la automatización haya permitido reducir sustancialmente el costo de las instituciones para desarrollar las actividades inherentes a su función social como monopolizadores de la sangre del sistema mercantil.

 

Tales abusos son parte de las aberraciones introducidas por el Neoliberalismo al consumismo capitalista, que se han extendido a toda clase de regímenes.

 

Por fortuna, algunos han recuperado la sensatez, liberándose de los condicionamientos capitalistas depredadores, tanto como de su suicida noción de “crecimiento” que hacen pasar como “progreso” o “desarrollo” aunque constituye su negación absoluta a un plazo mediano que, realmente, puede ser demasiado corto dadas las turbulencias de la época.

 

Al efecto, Japón parece estar trazando la guía para las naciones que se dejaron deslumbrar por el desastroso consumismo pero que han reflexionado lo suficiente como para repudiarlo.

 

Los tenaces y ejemplares ojirazgados del imperio del sol han comprendido su carácter funesto y decidido rechazarlo, después de haber trabajado como hormigas para suministrarles a los habitantes de la metrópoli imperial bienes de consumo que les permitieron ostentar un nivel de vida muy superior al que su propia producción podría garantizarles.

 

Ahora, los japoneses prefieren dejar que China, India, Brasil, Rusia y Sudáfrica -y las neocolonias que poseen los recursos susceptibles de producir riqueza auténtica- sigan alimentando esa estafa estructural a cambio de divisas que no valen nada pero que les permiten a los habitantes de la metrópolis consumir sin medida ni responsabilidad, convirtiendo el Mundo en un basurero y condenando a las mayorías a la miseria.

 

Se cansaron de seguir siendo engañados con doctrinas delirantes absolutamente irracionales y letales (léase Neoliberalismo). Han comprendido que para mejorar las condiciones de vida de su población no es necesario agotar sus recursos ni saquear los ajenos para invadir mercados extranjeros que les pagan sus mercancías con divisas basura.

 

Además, Japón ha aprendido de sus catástrofes atómicas, de modo que puede sustraerse al cataclismo nuclear universal planeado por los potentados. Prefiere recuperar sus explotaciones sustentables de los recursos naturales disponibles en su suelo, mediante métodos tradicionales respetuosos del ambiente, y cuyo uso acertado está comprobado. Es mucho más conveniente recuperar sus prácticas productivas atávicas que, sin tanto derroche, garantizan la supervivencia sustentable de su pueblo.

 

Con tan laudables propósitos, el pueblo amarillo, leal y sabio, ha resuelto rechazar las plantas nucleares, aprendiendo de sus horroroso sufrimientos, en particular de la tragedia en Fukushima Daiichi, que les recordó que no sólo el uso militar de la energía atómicas es letal, irremediablemente letal, como lo fue en Hiroshima y Nagasaki, pues igual de mortal y peligroso es el uso pacífico de tal monstruo indomable. Por desgracia, los teócratas islamistas, en particular los de Irán, no lo admiten.

 

Japón también entiende que el confort y el derroche occidentales son enemigos de la racionalidad en el consumo y en la producción; y que sólo esta racionalidad es capaz de garantizar el bienestar y el progreso de las personas y la conservación de la Vida y de la biosfera.

 

O sea, comprende que “progreso” o “desarrollo” son conceptos opuestos al “crecimiento” entronizado por el Neoliberalismo, pues lo que éste postula y promueve es el agotamiento acelerado de los recursos naturales que sustentan la Vida. Tal resultado es la única consecuencia racional de la aplicación de sus recetas desatinadas que, afortunadamente, de manera creciente los pueblos identifican, detestan y repudian, demostrando que son muy superiores a sus dirigentes, como siempre se ha dicho.

 

En consecuencia, como respuesta contundente, urgente y sensata de los pueblos respecto al futuro que nos espera si el consumismo continúa, también es necesario que los banqueros pierdan su influencia decisiva en la actividad económica real, dejándoles el protagonismo a los productores de bienes y servicios, hoy subordinados a la economía formal o convencional controlada por los especuladores delincuentes, sionistas y apocalípticos.

 

La creación de un dinero abiertamente convencional y equitativamente distribuido entre los habitantes, perfectamente controlado por métodos informáticos y telemáticos, permitirá ordenar e impulsar la actividad económica hasta el punto de que deje de ser un problema la escasez que le da fundamento a la lucha de clases y al despojo de las mayorías mediante la violencia y el engaño ideológico político.

 

 

2/3 Gente imprescindible contra deleznables

Cada vez más, la sociedad global que están conformando libremente las gentes sensatas resueltas a deshacerse de los letales plutócratas, entiende que los productores y, sobre todo, los creadores, son los seres humanos verdaderamente valiosos e imprescindibles, lo cual no obsta para reconocer que la vida de todos es sagrada.

 

Por eso es tan irónico que quienes controlan el Mundo sean los estériles parásitos banqueros, basados en los delirios económico-filosófico-literarios de la sionista atea Ayn Rand, quien consideraba que los grandes potentados son auténticos Atlas que llevan el Mundo en sus hombros, lo cual los haría indispensables.

 

Objetivamente, ninguna doctrina es tan delirante, retrógrada y discriminadora como el Neoliberalismo, pues no postula la primacía de un “pueblo elegido” (como los sionistas empeñados en acelerar el Juicio Final) ni de una “raza superior” (como los nazis que enardecieron a los presuntos “arios” con las teorías del hilarante criminal Adolfo Hítler), sino la de individuos especialmente dotados, como los “alfa” de “Un mundo feliz”.

 

O sea, la novelista “filósofa” basa su teoría de la eugenesia o superioridad en las características genéticas particulares de los individuos, de modo que sólo merecerían vivir con dignidad quienes demostrasen habilidades especiales para acumular dinero y poder.

 

Y quienes no las tengan tendrían que aceptar -como lo han tenido que hacer las mayorías sin talentos mercantiles ni reproductivos, así sean tan geniales como Leonardo da Vinci- que su misión en la vida es servirles a aquellos.

 

La desmesura absoluta del eugenismo fundamentalista de la arribista rusa nacionalizada como usana, radica en que solamente les reconoce dignidad y derechos a los potentados desalmados. A su juicio, únicamente los multimillonarios harían parte de los 144.000 justos dignos de ir en cuerpo y alma a habitar el Paraíso prometido. Lo merecerían debido a su supuesta “evidente superioridad” que los induce a repudiar delicadezas y respetos con quienes carecen de esos “talentos”.

 

No importa que los “elegidos” sean ateos; lo importante es que sean empresarios de alto nivel; pero, sobre todo, vampiros de empresarios verdaderos, como los banqueros que subordinan a creadores, productores y trabajadores mediante su monopolio del dinero y la complicidad de los sátrapas gobernantes.

 

En estas sociedades enfermas dirigidas por parásitos demagogos y sicópatas, tanto los emprendedores que inventan o crean empresas, como los consumidores que adquieren sus productos y servicios, están sometidos a los acaparadores del manejo financiero.

 

No obstante, el manejo financiero es un monopolio público del que se han apoderado abusivamente los sionistas banqueros encabezados por los amos Rothschild, desde tiempos prácticamente inmemoriales. En consecuencia, su recuperación por los pueblos es una medida elemental en cualquier sociedad mercantil.

 

Esto significa que el secreto de su grande e injustificado poder reside en que los banqueros son los espurios dueños y diseñadores del casino económico mundial que somete el bienestar de la población al azar de las bolsas de valores y los mercados.

 

Sin embargo, como parte de las imposturas de estas sociedades viles que todo lo tergiversan, generalmente tal “azar” no es nada aleatorio o azaroso sino una confabulación de los potentados para estafar a los rentistas de poca monta que les sirven para entronizar la noción abstracta y “sagrada” de “mercado”.

 

Dicho concepto constituiría algo superior a la Vida y la realidad, según tales abusivos. Por eso descalifican como insensato a quien se atreva a cuestionarlo anteponiéndole los valores realmente sagrados de la Vida y la dignidad inmanente de quienes la disfrutan.

 

Tales antros económicos, convencionales y superfluos, no son más que embelecos orientados a confundir a los humanos ingenuos y decentes, haciéndoles creer que los rentistas son sagrados, así no sea sino porque personas humildes que viven de sus escasas rentas terminan siendo los estafados por los potentados que les dan vitalidad o vigencia incuestionable a esas imposturas, posando de expertos respetables.

 

Así proceden los enemigos comunes porque sueñan con apoderarse de los países, aprovechando el enorme endeudamiento al que los inducen el FMI, el BM y otras instituciones de bolsillo de los Rosthschild.

 

Hábilmente confunden sus intereses especulativos de estafadores evidentes y cínicos, con los de los ahorradores de poca monta que fincan en sus precarias o modestas rentas su subsistencia, de modo que darían hasta sus vidas por defender las inicuas estructuras que a todos nos agobian. De hecho, las crisis económicas conllevan el suicidio de muchas víctimas de los potentados estafadores que las dejan en la ruina, en particular de pensionados y pequeños ahorradores que carecen de cualquier otro medio de subsistencia.

 

Ladinamente, los especuladores financieros cuentan con millones de pensionados y rentistas modestos, condenados a la miseria en caso de que la economía especulativa pierda su vigencia.

 

Consideran las bestias codiciosas que así disponen de una base social suficiente para mantener su letal sistema financiero, pues -puestos ante el dilema de sobrevivir como rentistas o morir- sus víctimas habrán de preferir defender el sistema oprobioso y detestable que está acabando con todo.

 

Pero la imaginación e iniciativa del pueblo pueden dar al traste con tan funestas expectativas…

 

Por fortuna sigue intacta la capacidad productiva y creativa de quienes verdaderamente aportan al bienestar común.

 

Buscando mejorar las condiciones de vida para todos, basta recuperar la soberanía económica y financiera para que la producción propia florezca jalonada por la demanda interna.

 

En una sociedad verdaderamente democrática, la autosuficiencia alimentaria y la fortaleza del mercado interno serían consubstanciales a la soberanía política garante de la independencia económica, la seguridad nacional, la identidad popular y la autonomía cultural.

 

Por tanto, a pesar de los absurdos dogmas neoliberales que todo lo pervierten y destruyen, la atención de las necesidades internas con recursos propios debe ser la prioridad en una formación social sana y equilibrada, libre de la férula imperialista, monopolista, homicida y ecocida.

 

Al fin y al cabo, el dinero no es más que una convención social, mientras las papas o los servicios de salud satisfacen necesidades reales, ya sea que nos toque sufragarlos directamente, o que nos los garantice la sociedad como una función elemental suya con los asociados, así sean muy bonitos o muy feos o tengan ojos de dos colores o no crean que Baal es dios ni que la luna es un satélite natural.

 

Basta estar vivos para tener derecho a satisfacer las necesidades vitales a fin de disfrutar de una vida plena, amable y gratificante, pero que los sicópatas potentados se esmeran en amargarnos, impidiéndonos que la gocemos, como si fuésemos muertos en vida carentes del derecho a la lúdica que embellece la existencia haciéndola más soportable, de modo que todas las culturas respetables no dejan de propiciar espacios y épocas para el placer y el gozo.

 

 

3/3 Desafío definitivo para la Humanidad

Las tesis de la Rand pueden contraponerse a las de Carlos Marx, aunque ambas adolecen de iguales limitaciones arbitrarias, según lo demuestra la realidad. Mientras aquella defiende la dictadura de los plutócratas, éste consideraba en su época que el futuro exigía la de los proletarios. No obstante, ambos desprecian a las clases medias, tan tibias, supuestamente.

 

Pero, conviene reafirmarlo, la sionista atea -al contrario de Marx, aparentemente no sionista aunque judío financiado por el barón Lionel de Rothschild para escribir el Manifiesto Comunista-, no extendió sus promesas a toda una clase social ni a ninguna aristocracia colectiva, sino a los individuos “superiores” capaces de llevar el Mundo en sus hombros.

 

Estos seres especiales serían los aterradores dioses que tanto se esmeró por dotar de teorías justificatorias el polifacético filósofo, economista y administrador, Peter Drucker, quien sigue inspirando a los neoconservadores absolutamente retrógrados, como los usanos del Tea Party. Sin duda, el famoso personaje tiene gran culpa en el desastre causado por el Neoliberalismo que nos agobia y nos ha traído al borde del abismo.

 

En síntesis, la Humanidad se enfrenta a la continuidad de la esclavitud ideológica que la divide, y a la exacción permanente impuesta por los potentados, o al reconocimiento de la grandeza de la Vida en cualquiera de sus manifestaciones.

 

Por ende, todos gozaremos de iguales derechos, y estamos en condiciones de instaurar las sociedades que nos los garanticen, siempre y cuando tengamos el valor suficiente para vencer a quienes nos lo impiden.

 

Tal es el desafío para cada ser humano, independientemente de que lo entienda o no.

 

Posiblemente, los sensatos comprenden y admiten que nadie los va a salvar, porque nadie posee ese poder ya que es patrimonio colectivo que la democracia real impide que se lo apropien sujetos ambiciosos y desalmados, capaces de engañar a quien sea para posar como superiores a los demás.

 

Tal es la calaña de todos esos impostores que posan de salvadores en la falaz democracia representativa, pero cuya actividad pública se orienta a satisfacer sus intereses personales y los de sus amos contra los de sus electores y demás populacho crédulo, ingenuo, honesto, pacífico y bueno.

 

En consecuencia, todo depende de las mayorías: la causa que triunfe será la que alcance mayores simpatías, ya sean espontáneas, de gente digna; o compradas a gente indigna y venal.

 

¡Cada uno, acatando las demandas de su conciencia, resuelve cuál actitud satisface sus aspiraciones!

 

Así de sencilla es la solución global, capaz de evitar la catástrofe o de precipitarla, según el respaldo que concite cada causa.

 

¡Si lo deseas, tú también puedes ser protagonista, pues es un derecho con el que todos nacemos aunque nos lo nieguen los sicópatas depravados!

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Esta entrada fue publicada el 23 de junio de 2012 por en CUIDA TU SALUD.

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