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Los jóvenes de hoy son los del 68: Elena Poniatowska

Forum en Línea 243

                                                                                                                                                                     Del 1 al 15 de junio de 2012

 

 

 

Los jóvenes de hoy son los del 68

 

Elena Poniatowska* / América Latina en Movimiento / Alainet.org

elena.poniatowska.amor@gmail.com

 

Agradezco con toda mi alma a la escritora Rosa Beltrán, directora de Literatura, a quien se le ocurrió organizar este gran homenaje; le agradezco a María Teresa Uriarte, directora de Difusión Cultural de la Universidad Nacional Autónoma de México su apoyo y finalmente les agradezco a los tres rectores aquí presentes, el doctor Guillermo Soberón, el doctor Juan Ramón de la Fuente y el doctor José Narro que nos recibe hoy en la sala Miguel Covarrubias. Son tres rectores que han sido y siguen siendo los Tres Mosqueteros que defienden a la UNAM y a sus estudiantes y la abren al diálogo y a la discusión.

Y que gritan en el estadio cuando ganan los Pumas: Goya, Goya, cachún, cachún ra rá, cachún cachún ra rá, Goya Universidad.

Hoy en día, tal parece que México es un país al que todo le duele, enfermo de corrupción, infectado de violencia, pero si uno se acerca a su corazón escucha un latido tan enérgico que lo pone a temblar: el de su juventud. Según el último censo, la población joven en nuestro país supera los 28 millones, de los cuales 324 mil estudian en la UNAM, aunque este año unos 110 mil muchachos quedaron afuera. Hace unos días, el doctor Juan Ramón de la Fuente aclaró que hay más de 5 millones de analfabetas en nuestro país y que no sólo son ancianos, mujeres y niños sino jóvenes.

Los jóvenes son mi fuerza, mi inspiración y mi orgullo. Creo en ellos como en el Santo Niño de Atocha en el que confiaba Jesusa Palancares. Sin ellos no tendría sentido teclear un día sí y otro también desde el año de 1953 hasta la fecha.

Sin los jóvenes, México estaría irremediablemente perdido, sin aliento, sin nadie por quién luchar, sin vuelo, sin futuro. La tienen difícil en estos años porque a los egresados de las distintas facultades universitarias se les cierran las puertas:

– ¿Tiene experiencia?

– Acabo de terminar mi carrera.

– Lo siento. Que pase el siguiente.

Muchos tienen que trabajar para pagar sus estudios y al final se encuentran con que no hay nada para ellos y el veredicto es inapelable: No cubre usted el perfil para la vacante. Admiro a los jóvenes porque insisten y a veces logran su sueño a pesar de que México, hoy por hoy, es el país del desempleo.

Sin embargo, son los jóvenes los que se ponen de pie porque la marginación los hace sensibles a la injusticia y defender a los menos favorecidos; se identifican con los grupos que los gobiernos se encargan de sepultar y resucitar cada seis años con fines electorales. A lo largo del tiempo han sido solidarios con los ferrocarrileros, con los mineros, con los indígenas, con los campesinos, con los zapatistas, los paracaidistas, las madres de desaparecidos, con las familias víctimas de la violencia por la guerra del narcotráfico y son ellos quienes apoyan las grandes causas sociales de nuestro país.

Supe que la juventud representaba un poder prodigioso desde antes de 1968. Bastaba verlos discutir en torno a una mesa en la cafetería de la UNAM para saber que eran dioses. Bastaba mirar sus rostros encendidos en el pleito por la plusvalía y los derechos del trabajador para darse cuenta que conformaban la fuerza de nuestro país y que sus camisetas, sus clavículas, la mezclilla que se revienta en sus rodillas, sus tenis sin agujetas los hacía vivir al borde de sí mismos. Me regalaron sus imágenes verbales y desde entonces sé que todo lo suyo está ligado al fuego cruzado en el que crecen.

En 1968, cuando atropellaron sus derechos y el gobierno los encerró en el Palacio Negro de Lecumberri, contaron uno a uno su propia historia. Escuchar su voz aprisionada en la cárcel o en el juzgado fue una lección y un privilegio. La Chata, María Fernanda Campa, pasó diez años de su vida en un ir y venir de la cárcel de Santa Marta Acatitla para visitar a su padre Valentín Campa, a la de Lecumberri para acompañar a Raúl Álvarez Garín. Su madre, la doctora en matemáticas Manuela Garín de Álvarez, hoy de cien años de edad, resultó un ejemplo de entereza y sentido del humor. En esos años todo era miedo. Ser joven y ser estudiante equivalía a convertirse en carne de cañón; recuérdense a los cinco excursionistas que pretendían subir a la Malinche y fueron asesinados por una turba que gritaba comunistas y vienen a violar a nuestras hijas, el 14 de septiembre de 1968 en San Miguel Canoa, Puebla.

Montserrat Gispert, María Alicia Martínez Medrano, Mercedes Olivera, Adelita Castillejos, La Tita, La Nacha, Selma Beraud, Elisa Ramírez, Paz Cervantes, la poeta María Ángeles Comesaña se enfrentaron al primer tanque que entró al Zócalo y la actriz Margarita Isabel se las arregló para hacer reír hasta a los granaderos.

La amistad y el ingenio se forjan en las circunstancias más adversas. Entre otros muchos actos de heroísmo, las mujeres se las ingeniaron para hacer gelatinas con vodka lo cual ayudó a que José Revueltas escribiera su notable novela El apando a lo largo de un mes bajo la mirada de su compañero de celda, Martín Dozal.

Pensar en 1968 es rendirle tributo a un movimiento que cambió la vida de México. El régimen mostró lo peor de sí y los estudiantes lo mejor.

1968 es un parteaguas y un compromiso moral porque gracias a los muchachos de ayer, hoy somos más fuertes, más resistentes y le quitamos algo de su impunidad al poder. Aprendimos a denunciar y a resistir. Movimientos campesinos y obreros a lo largo de la república se reconocen deudores del 68.

Los estudiantes del 68 eran inteligentes, frescos, combativos, sabían cómo transmitir su mensaje, no tenían armas sino deseos de hacer el amor y de alfabetizar a niños sin escuela y a muchachas bonitas que tallan su ropa en el lavadero. Se burlaron de los granaderos y del Presidente de la República. Sal al balcón, hocicón, sal al balcón, bocón. Marcharon junto al rector Barros Sierra que hizo suya su causa. Únete pueblo, únete pueblo, únete pueblo agachón. Tomaron las calles, desacralizaron al Zócalo, cuestionaron el autoritarismo y cuando los acusaron de agitadores caminaron bajo una manta que decía: Estos son los agitadores: ignorancia, hambre y miseria. Recurrieron al silencio para hacerse oír como en la marcha del 13 de septiembre de 1968.

Soy una mujer de ochenta años, madre de tres hijos, abuela de diez nietos. Como lo escribió mi bien amado José Emilio Pacheco, en los días asoleados y azules como hoy, me recuerdo joven, junto a él, junto a Vicente Rojo, a Neus Espresate, a Carlos Monsiváis y cuando nos reunimos los que todavía estamos vivos pienso que desmentimos su poema: “(…) Ya somos todo aquello/ contra lo que luchamos/ a los veinte años”.

Como me pidieron que hablara muy cortito sólo quiero contarles que hace algunos años, subí a la Rectoría de la UNAM con algún mensaje de López Obrador para Juan Ramón de la Fuente, entonces rector. Los dos, de pie, nos acercamos a uno de los grandes ventanales de la Torre de Rectoría. El doctor De la Fuente miró hacia la explanada en la que caminaban unos muchachos. Desde lo alto veíamos sus nucas y sus hombros y de pronto me dijo: Es a ellos a quienes tengo que cuidar.

De la Fuente tenía y tiene toda la razón. Es a ellos a quienes nosotros, los que ya vivimos, los viejos de ochenta años, tenemos que cuidar.

 

*Texto leído por la periodista y escritora, en la sala Miguel Covarrubias, el lunes 14 de mayo durante el homenaje por su cumpleaños 80 que recibió en la Universidad Nacional Autónoma de México.

 

 

 

El turno de los estudiantes

 

“¡Que vivan los estudiantes, que son como la levadura,

 del pan que saldrá del horno..!”, (canción popular en 1968).

 

Víctor Orozco

vorozco11@gmail.com

¿Por qué están los estudiantes contra Peña Nieto? ¿Cómo es que a Felipe Calderón no lo están atacando, según se ufana? Las respuestas están asociadas a una previsión: el candidato priísta representa hoy la amenaza real de la prolongación de un régimen durante el cual se han exacerbado la violencia, la pobreza, el desempleo. En sus programas económicos, laborales, de privilegios a las élites, relaciones con las mafias sindicales, con los acaparadores de los medios, entre otros temas, el PRI y el PAN se parecen tanto como dos gotas de agua; sin embargo, la candidata del último no se encuentra en la mira de la protesta social. Ello, a pesar  de que se ubica en la línea directa de sucesión del gobierno actual y por tanto, le heredaría políticas, funcionarios, ideologías y desastres. Pero, está fuera de la jugada. Los estrategas panistas han sido incapaces de construir una candidatura creíble, con viabilidad. En su lugar han puesto en el ring a una personalidad débil y repetidora de lugares comunes, que actúa como ejecutiva de ventas, antes que como futura estadista. (¿La formación foxista?). Conforme se acerca el día de las elecciones su campaña desluce más y se empequeñece su figura, así que ¿Tendría sentido un movimiento de oposición ciudadana dirigido a evitar que asumiera el poder el próximo 1 de diciembre? No sería lógico.

Peña Nieto guarda por otra parte, otros dos poderosos distintivos para atraer la repulsa juvenil: Primero, es un personaje confeccionado a la medida de los medios de comunicación, acaparados por unos cuantos dueños, convertidos por arte y gracia de las concesiones estatales, en los grandes electores del país. Pocos están de acuerdo con esta usurpación de la voluntad ciudadana. Segundo, en un gobierno por él encabezado, es imposible no pensar en la restauración de la antidemocracia que caracterizó al priísmo. El episodio detonador de esta protesta social protagonizada por los jóvenes –la visita de Peña Nieto a la Universidad Iberoamericana y el repudio estudiantil–, develó la vieja cara del sistema aguantado durante décadas.  De una parte, su presidente reaccionó a la manera de un político diazordacista: hay que buscar y castigar a los responsables del alboroto, apuntó. Luego, la televisión y la prensa adicta (a los cochupos y canonjías) ocultaron o tergiversaron los hechos. El rostro que vimos millones de mexicanos no nos gustó: de pronto estaba allí, parado, contemplándonos, el añejo dinosaurio que regresaba por sus fueros, por su reinado pleno. Y los estudiantes, a quienes ya extrañábamos en la arena de la protesta social, le colocaron el cascabel al gato.

Su movimiento, reviste particularidades claves si lo comparamos con otros del pasado. Uno, se despliega en la era del internet y dos, en tiempos de elecciones. Veamos la primera, machacada hasta la saciedad, pero por novedosa, siempre con aristas desconocidas. Cuando los periódicos de Mario Vázquez Raña cabecearon a ocho columnas informando sobre “el éxito” de la visita de Peña Nieto a la Ibero, o cuando Joaquín Coldwell atribuyó la repulsa a unos cuantos manipulados, todo mundo pudo contrastar estas versiones con los videos difundidos a la velocidad de la luz. Comparo estos hechos con acontecimientos del ya remoto pretérito. El 4 de octubre de 1968, nos encontrábamos los estudiantes de Chihuahua realizando un mitin frente al cine donde tomaría posesión el gobernador electo, cuya primera disposición fue pedir un aplauso de pie al presidente de la república por haber detenido la conjura. La entonces Cadena –en rigor, un grillete–García Valseca había informado de un ataque estudiantil contra efectivos del Ejército y la aprehensión de un gran número de delincuentes y motineros en Tlatelolco ocurridos el día 2. Sabíamos de la mentira e increpábamos enrojecidos por el coraje: ¡Gobierno asesino! ¡Prensa vendida! ¿Pero cómo podíamos contrarrestar la tosca manipulación de los hechos? Recibíamos apresuradas llamadas telefónicas del DF, leíamos entre líneas, acudíamos a los pocos periodistas disonantes con el coro de alabanzas, poníamos a funcionar los mimeógrafos, repartíamos volantes, hablábamos en los camiones, pintábamos paredes por las noches… y no podíamos hacer más. Frente a los estudiantes rebeldes, se alineaban en una trinchera sin fisuras: las organizaciones empresariales, la CTM, la CNC, la CNOP, los colegios de profesionistas, periódicos, radiodifusoras, noticieros televisivos, clubes sociales, gobernadores, cabildos municipales, asociaciones de padres de familia, jueces, ministros, magistrados y sígale, todos comandados por el jefe supremo residente en Los Pinos.

Ahora, “El desarrollo tecnológico vertiginoso en el mundo actual de la comunicación ha originado cambios profundos en la sociedad mundial contemporánea. La creación de las redes sociales, Twitter y Facebook, lograron generar formas de comunicación instantánea, individual y colectiva, que han contribuido a la transformación de la actividad política”, como lo expresa el documento semanal del Centro de Reflexión para la Elaboración de Alternativas de la UANL (http://crea.sds.uanl.mx/). En efecto, la protesta estudiantil dispuso de instrumentos que en un par de días hicieron retroceder a los “informadores” y pusieron de rodillas al presidente del PRI. No es poca cosa.

La otra peculiaridad de las luchas estudiantiles de hoy, es que no pueden disociarse del proceso electoral. Nacieron en medio del mismo y por el mismo. Están conectadas a una pugna por el poder político y a visiones sobre el uso del mismo. El párrafo inicial del documento leído el pasado jueves en la Estela de Luz, contiene una afirmación: “Creemos que la situación actual de miseria, desigualdad, pobreza y violencia sea resuelta”. Y se continúa con la que parece ser la demanda central: la apertura de los medios de comunicación, sobre todo de la televisión. Ambas reivindicaciones son complementarias, pero reducirse a la segunda no da para calar hondo en las aspiraciones e intereses de las mayorías. Yo Soy 132, puede detenerse un breve tiempo exigiendo a los medios información veraz, imparcial y objetiva, pero so pena de disolverse sin pena ni gloria, ha de tomar el toro por los cuernos, aprovechar con inteligencia la coyuntura electoral, para generar un amplio movimiento de masas con un proyecto igualitario, democrático, libertario, exigente de un cambio en el modelo económico, de un freno a los halcones que están convirtiendo al mexicano en un Estado policiaco, de un alto a la corrupción. Puesto un programa de este corte frente a los candidatos, con cientos de miles de estudiantes en pié, estarían obligados a endosarlo, modificando la agenda electoral drásticamente. Se conformaría al mismo tiempo un garante para extender este compromiso a la próxima administración federal, así como al Congreso.

De esta suerte, las tareas de este movimiento en gestación son enormes, si pensamos  en el descrédito de partidos e instituciones, en contraposición con su fuerza moral y en la simpatía generalizada que concitan sus integrantes. El punto está en la definición de los propósitos. Las experiencias enseñan que luchas o protestas sin objetivos definidos, acaban por ser fuegos de artificio, llamaradas de petate. Las próximas semanas sabremos si los estudiantes poseen la entereza y el talento necesarios para recoger los anhelos de transformación a la que aspiramos millones de mexicanos e inscribirlos en sus banderas.

 

 

 

Ni antes ni después

 

Sergio Gómez Montero / Isegoría

gomeboka@yahoo.com.mx

 

Tu nombre no aparece en las revistas
ni en los diarios famosos.

Tu nombre ofrece apenas un maltratado aroma.

J. L. Quezada: “Tu amor incurable”.

 

Asumir como muchos quieren asumir hoy el renacimiento de la conciencia estudiantil como un renacer del 68, no es exactamente correcto. Pero de que sí hay ese renacimiento pareciera indudable; aunque lo de ahora tiene características que no tenía el 68. ¿Algo más cercano a la primavera árabe y a los movimientos de los indignados de varias partes del mundo? Sí, es posible, lo cual sí se puede identificar con tres cosas muy precisas. Una, los efectos internacionales de la globalización económica. Dos, el espontaneísmo de las movilizaciones contemporáneas. Y tres, lo que a mí en particular me interesa ahora abordar: ¿cómo se desestructura hoy al poder?

Parto de un hecho: toda revolución social se caracteriza y se ha caracterizado por una acción desestructurante del poder como paso previo al cambio radical de las relaciones de producción dominantes. Es decir, dicho cambio no se puede concretar sin antes, precisamente, desestructurar al poder. El que antes esa desestructura y ese cambio fueran de carácter mucho más localizado es cierto. El que hoy ambos movimientos sociales tiendan a la internacionalización también es cierto. Mas en lo que tengo algunas dudas es si el renacimiento de la conciencia social entre los jóvenes es suficiente como para promover un cambio real de las relaciones sociales de producción. ¿Qué se necesita para que éstas realmente cambien hoy?

¿Qué está pasando entonces en el México de nuestros días?

Aventuro una hipótesis. Parto del hecho de que, en efecto, lejos se está hoy, entre nosotros, del surgimiento de la revolución; aunque, sí como en el 68, frente a una ominosa y opresiva realidad política se está buscando con titubeos desestructurar el poder, así sea parcialmente, a partir de modificar los mecanismos de control político, representados en este caso por dos entes hoy hegemónicos. Por un lado, el Estado y todo lo que él representa (gobierno, partidos, instituciones y poderes de facto). Por el otro, la presencia atosigante de un poder ideológico consolidado y abrumador: los famosos medios masivos de información, manifiestamente liderados por la televisión. La coyuntura, claro, la representa precisamente el proceso electoral que ha sido la excusa para que esas conciencias que en otras épocas se habían mantenido indiferentes –como la de los jóvenes–, hoy hayan tomado la iniciativa y se hayan echado a caminar.

¿Hasta dónde van a caminar? Esa sí es una verdadera incógnita. Como también es el hecho de que si sus movilizaciones van a ser capaces de lograr al menos en que lo que falta del proceso electoral se realice con el menor número de trampas posibles y de que, sea cual sea el resultado de ese proceso, el resultado se respete y no pase lo que en el 2006, cuando se instrumentó uno de los más enormes fraudes en la historia electoral del país.

Mientras, por el bien de todos es hora de caminar junto a los jóvenes.

 

 

 

De jóvenes y “señoritos satisfechos”

 

Jesús Delgado Guerrero / Milenio Estado de México

jesdeg@prodigy.net.mx

 

En esta era de telezombies, cibersonámbulos y otros espectros dirigidos, es natural que los satisfechos del status quo, creado y sostenido por el viejo régimen, se aterroricen al primer gesto de inconformidad, principalmente si proviene de la juventud.

“Son tiempos de jóvenes, edades de iniciación y de beligerancia constructiva”, diría Ortega y Gasset. Cierto. A la juventud le sobran motivos para protestar: desempleo, desprecio por falta de experiencia o sueldos miserables (vil explotación); falta de espacios para estudiar, etcétera; es una generación víctima, ascendencia de otras generaciones víctimas también de los “señoritos satisfechos” aludidos por el filósofo.

Porque la actual ha visto que sus padres y abuelos han vivido situaciones iguales o peores desde el “desarrollo compartido” de Luis Echeverría (1970-1976), mismo que degeneró en populismo económico con López Portillo y su corrupta “administración de la abundancia”; se convirtió luego al libre mercado (Miguel de la Madrid, 1982-1988) el cual derivó en un capitalismo depredador donde los satisfechos apuestan a satisfacerse más.

Es decir, son casi 42 años de desatinos económicos, de tirar a la basura el gran potencial –no sólo 30 como dice Carlos Slim, ni 12 como sostiene el PRI–, anulando oportunidades a millones, muchos de ellos ya muertos.

Son generaciones derrochadas, de experimentos fallidos a cambio del reciclamiento de familias en el poder público y de una tosca concentración de riqueza bajo cualquier modelo económico. Justa disidencia estudiantil, sólo los grupos de presión, desde sindicatos hasta partidos políticos, pasando por iglesias y entes económicos, van juntos en la camuflación democrática, una vez mantenidos o ampliados los tratos de privilegio.

Por lo menos a los estudiantes de la Ibero, a los que se han sumado los de la UNAM, ITAM, Tec de Monterrey, Anáhuac, etcétera, no les han colgado el sambenito de comunistas, conspiradores y antipatriotas, pero ni falta hizo porque se reveló la vena totalitaria que hace a todos reaccionarios y ve la libertad como amenaza, la misma que cree que “regalando” ordenadores portátiles a alumnos de la UNAM es suficiente para domesticarlos, como sucede en el estado de México.

Pero ¡oh sorpresa!, “comenzad a estudiar mejor a nuestros alumnos, pues hoy seguramente no los conocéis”, recomendaría Rousseau con su Emilio.

 

 

 

La conjura del señor López

 

Fernando Amerlinck / Nostalgia del porvenir

soyfernando@gmail.com

 

El estado de permanente felicidad se decretó en París en mayo de 1968. ¡La imaginación al poder! gritaban esos talentosos jóvenes que se daban vuelo grafiteando con genialidades las universidades de Nanterre, la Sorbona y demás. Estaba prohibido prohibir.

“Abajo el realismo socialista. ¡Viva el surrealismo!” apareció en un muro. “La acción no debe de ser una reacción sino una creación” decía en otro. “Amaos los unos sobre las otras”. “Seamos realistas: exijamos lo imposible”. Aquellos jóvenes pintaban en las paredes citas de Heráclito y San Agustín, o del compañero de Lucifer Ambrose Bierce y del no menos demoníaco Napoleón. Cultura no les faltaba; imaginación tampoco.

Esos días, en Praga vivían una primavera feliz antes de que los tanques del camarada Brézhnev liberaran al pueblo checo de tanta primavera. En la primavera mexicana el ambiente era festivo, con genuino entusiasmo por las olimpiadas. Vivíamos a plenitud el culmen de los alegres sesenta, el magnífico 68. Los Beatles eran noticia diaria, la economía mexicana crecía y nadie pensaría que fuera a pasar nada.

Hasta que pasó. A partir de julio salieron los jóvenes a las calles cuando un presidente torpe y autoritario resolvió un incidente menor haciendo leña con una bazuca el antiguo portón de San Ildefonso. Y así, de torpeza en torpeza y de asesinato en asesinato, el régimen culminó su olimpiada de la paz el 2 de octubre. Los estudiantes mexicanos de entonces (cuyos líderes parecen trabajar hoy tiempo completo como tales, héroes de bronce con pelo blanco) no mostraron ni con mucho el talento de sus coetáneos parisienses, con peticiones triviales que sólo un impolítico prepotente como Díaz Ordaz podría rechazar. Y recordémoslo: jamás el movimiento de 1968 pidió democracia.

¿Dónde están los jóvenes de hoy, curiosa masa de muchachos armados con celulares? Quejándose de lo que llamábamos el stablishment. Marchan por las calles. Llenan las redes sociales. Buscan un futuro mejor pero no saben cuál (ya no es la utopía socialista-cubano-cheguevarista que –me enorgullece decirlo– jamás me picó). Y también –como en México 68– con una poco visible pero muy creíble manipulación política.

Hay grandes, ominosos agravantes. Han escrito “te odio” a un Peña infinitamente menos odioso que Díaz Ordaz. Abundan las armas pero no en manos de ciudadanos sino de criminales. Y una organizada, abierta delincuencia contamina toda la política.

Hay otro agravante: un político sagaz y astuto, primitivo y conservador que presume de progresista; amoroso, pero controla a provocadores y picapleitos, operadores de callejón y descontón, activistas y golpeadores. Y pregona la resistencia pacífica, practicada con la violencia que sea, comenzando con la verbal.

No hay gran diferencia entre los jóvenes de México 68 con los de hoy: rebeldes, idealistas y soñadores, pero cilindreados sin saberlo por intereses políticos desconocidos. Y todo eso en un coctel donde un candidato que mandó al diablo la unión y la paz, sigue propalando la mentira repetida del fraude electoral; que antes de ser tan amoroso, denunciaba al espurio y al usurpador; que ha recorrido el país y tiene su guardia pretoriana incondicional. Sabe que es ésta su última oportunidad, y no va con su personalidad irse a reposar a su bucólica finca de Palenque luego de reconocer el triunfo de quien no sea él. No será limpio un triunfo de la mafia. O de la élite. O de Televisa. O del que sea.

Muchos tememos que en esta primavera mexicana, mayo de 2012, haya comenzado un movimiento peligrosísimo, precedido por encuestas que por meses parecieron electrocardiogramas de un difunto. Si algo podemos prever hoy, es que pase mucho. Muchísimo.

Lo que cimbra y remueve a las sociedades no son los electrocardiogramas planos sino los movimientos inesperados, impredecibles, espontáneos, potentes, de imprevistas consecuencias. Nassim Nicholas Taleb los llama cisnes negros.

Un cisne negro se le apareció a Peña, no en la Ibero sino después. Ya su presentación se preparaba como conflictiva, convocada a eso por las amorosas huestes del Peje (dicen que por allí merodeaba Martí Batres). Pero luego vino un movimiento celularmente coordinado. El Twitter sustituyó al mimeógrafo, reproductor de papel usado clandestinamente en el 68; el gobierno los confiscaba luego de apresar a sus usuarios.

La tecnología unió a México con la primavera árabe con un movimiento ciberespacial que ningún legislador ni IFE ni partido pudo prever. Los cisnes negros son impredecibles.

Pero hay cisnes negros más negros que otros. Y más siniestros. Los movimientos violentos sobrevienen cuando agarra a las masas el frenesí. La dinámica de la acción moviliza y contagia a gente que de repente cae en lo de toda masa: la degradación. Afloran los peores instintos y el ciudadano de bien se convierte en hooligan, energúmeno sin control, rabioso participante en tormentas perfectas que nadie vio llegar. ¿Qué pasará si, de pura casualidad, entre los jóvenes aparece de repente un muertito?

Sirve conocer la poco amorosa naturaleza del amoroso mayor, con soberbia y narcisismo propios de un hombre cuajado de resentimientos, rencores y agravios, con las complejidades mesiánicas y redentoristas de un Iluminado Salvador. Sabemos que si pierde –por poco o mucho margen, en segundo lugar– de nuevo cantará fraude y armará un irigote de reservado pronóstico. Pero si poco antes del 1º de julio las encuestas lo muestran suficientemente lejano como para sugerirle el camino de su rancho y dirigirse a esa conocida locación, me hago una simple pregunta: ¿Habrá elección, o movilización?

Nada será mejor para mí que recibir, a fin de año, una airada recriminación por andar de casandresco y catastrofista. Sin embargo, tomo el reto e incurro en la necedad de hacer pronósticos de los difíciles: los que se refieren al futuro.

 

La famosa maldición china dice “que vivas tiempos interesantes”. Junio lo será. Ya de julio ni hablemos. Y tampoco olvidemos el tremendo, cabalístico nombre de este año chino-maya: 2012.

 

 

 

La Ibero, ¿Waterloo de Peña Nieto?

 

Humberto Musacchio / Excélsior

hum_mus@hotmail.com

 

                                                                                                                  Para Carmen Aristegui.

 

Lo ocurrido en la Universidad Iberoamericana indica que Enrique Peña Nieto no las tiene todas consigo. Para garantizar su triunfo hace falta algo más que los dinerales de que dispone el PRI, de sus flotillas de aviones y helicópteros o de su apabullante publicidad. Hace falta algo más que la mezcla de elogios y silencios interesados que le ofrecen los medios a su servicio, algo más que las mentiras y la suciedad de las plumas alquiladas.

Lo ocurrido en la Ibero no debió sorprender a nadie. Se trata de un instituto educativo de sólidas tradiciones académicas, de un espacio que procura dotar a los muchachos de conciencia social. Esa universidad se ha distinguido siempre por su afán de forjar ciudadanos preocupados por su país, capaces de pensar por sí mismos, solidarios con las causas de los desposeídos, de las víctimas del dinero, de los aplastados por el poder.

Los estrategas de Peña Nieto lo llevaron a una emboscada, sí, pero a una emboscada que ellos mismos se encargaron de preparar hasta el último detalle. Resulta extraño que en el cuarto de guerra del priísta nadie advirtiera que meter a 400 acarreados al auditorio era una ofensa para los alumnos y profesores de la Iberoamericana. Sorprende que la escolta del candidato se pusiera en la puerta a esculcar a los jóvenes y les quitara pancartas y las infaltables máscaras de Carlos Salinas, con quien identifican a Peña Nieto. El cateo se suspendió hasta que las autoridades universitarias se pusieron enérgicas e impidieron que se tratara a los estudiantes como delincuentes.

Los columnistas de a tanto la línea reprueban los gritos de los chamacos, pero curiosamente han sido sordos ante los desvaídos coros de los acarreados por la gente de Peña Nieto. Prestos al insulto y la difamación, esos mismos tinterillos han calificado a los estudiantes de “fascistas” (los burros hablando de orejas) e incluso aseguran que hubo agresión verbal y física contra el político mexiquense. Mentiras.

Las plumas de alquiler censuran a quienes se valen del grito y la pancarta para decir su verdad y manifestar su indignación por el derroche, la mentira y la prepotencia, porque prepotente fue que Peña Nieto se asumiera como responsable de los asesinatos de Atenco, de la violación de decenas de mujeres y de algunos hombres, de las golpizas, los allanamientos y las detenciones sin orden de juez.

Hasta ese momento las cosas marchaban dentro de cierto cauce. El priísta hablaba, sus acarreados le aplaudían y los estudiantes mostraban su oposición. Pero el caso de Atenco fue un triste recordatorio de aquel acto cínico de Gustavo Díaz Ordaz, quien después de que ordenara el crimen de Tlatelolco, perfectamente cobijado por el absolutismo priísta declamó: “Asumo íntegramente la responsabilidad personal, ética, social, jurídica, política e histórica”.

Los actuales alumnos de la Ibero no vivieron el 68 ni la matanza de Tlatelolco, pero conocen lo que ocurrió entonces porque ellos sí saben leer y tratan de aprender las lecciones de la historia. El símil fue brutal y la respuesta sólo podía ser indignada. Ahí ya no bastaron los guaruras del candidato ni sus vehículos blindados ni sus acarreados ni su dinero.

Frente al poderoso aparato de publicidad de los priístas, los muchachos han desplegado una cantidad impresionante de mensajes, de videos y fotografías que muestran lo que pasó y echan por tierra la campaña de calumnias, insultos y mentiras del PRI y sus servidores. Con una juventud así, México tiene salvación.

 

 

 

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Esta entrada fue publicada el 2 de junio de 2012 por en ELECCIONES 2012.

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