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Estadio lleno, Estado vacío……….

Forum en Línea 242

                                                                                                                                                                        Del 16 al 31 de mayo de 2012

 

 

Estadio lleno, Estado vacío

 

Jesús Delgado Guerrero / Milenio Estado de México

jesdeg@prodigy.net.mx

 

Una parte de la historia muestra hasta qué punto el futbol forma parte de la estructura del poder político, incluso es una de sus armas para ganar, conservar espacios y honrarse a sí mismo.

Recuérdese que el fascista Mussolini pidió “vencer o morir” a la escuadra Azurra en 1934 y después se proclamó la “victoria de raza”, y que la dictaduras brasileña y argentina se afianzaron en la década de los setenta, en parte gracias a las hazañas de sus héroes futboleros. Fue motivo de guerra entre Honduras y El Salvador, material para la imprescindible obra de Ryszard Kapuściński.

Del lado opuesto, el futbol fue muy útil en 1954 para que los alemanes superaran en alguna medida la tragedia hitleriana y renacieran después de haber perdido la Segunda Guerra Mundial.

Corresponde al futbol, y en especial a un hombre, haber logrado que las belicosas Nigeria y Biafra pactaran por lo menos una tregua para verlo jugar. Su nombre: Edson Arantes Do Nascimento, el Rey Pelé, un hecho único, lejos de Maradona y otros.

También, el futbol ha valido como arsenal para la continuación de la guerra (civil) por otros medios, como en España, con los encuentros entre el Real Madrid y el Barcelona.

En fin, no es “El reino de la libertad humana ejercida al aire libre”, como pensó con alguna benevolencia y hasta ingenuidad el izquierdista Antonio Gramsci. No es nada más el gigantesco millonario negocio que es hoy.

El balón, elemento vital de la anestesia, es además un perdigón político, con sus catedrales adorando figuras, y sería de párvulos ubicarlo únicamente en la lógica del rating o en la del “negocio por el negocio”.

Aunque las televisoras, particularmente Tv Azteca, se han escudado en la libertad para darle un portazo en la nariz al debate entre candidatos a la Presidencia de la República, lo que se ha evidenciado es el ejercicio de un poder (el privado) por encima de otro (el público), revirtiéndose el papel del “fiel soldado” al servicio del régimen.

Más allá de que los actores no garantizan estadios llenos, como sucedió con Josefina Vázquez Mota, en el Azul, y Enrique Peña Nieto, en el Neza 86 (menos AMLO, fiel a las serpentinas del diamante) la formula del poder se resume en: estadio lleno, Estado vacío (entendido como gobierno, sí, pero también como sociedad). Dura y penosa realidad.

 

 

 

El defensor de Enrique Peña Nieto

 

Luis Hernández Navarro / La Jornada

lnavarro@jornada.com.mx

 

Eco del debate entre candidatos presidenciales, episodio ejemplar del papel desempeñado por los intelectuales mediáticos en la actual campaña electoral, este jueves (10-V) se suscitó una enconada confrontación verbal entre Héctor Aguilar Camín y Jenaro Villamil, en el programa de MVS Noticias, conducido por Carmen Aristegui.

El autor de La guerra de Galio irrumpió en la escena radiofónica, de manera abrupta y agresiva, para descalificar a quienes escriben sobre el matrimonio por conveniencia del abanderado del PRI con el Canal de las estrellas y presentan a Enrique Peña Nieto como producto de la maquinaria televisiva.

El historiador exigió ser entrevistado en el noticiero para aclarar el origen de la información sobre el pago a Televisa, de casi 700 millones de pesos en un solo año, por gastos de publicidad en favor del exgobernador del estado de México, publicados hace más de cinco años por el periodista de la revista Proceso.

A pesar de ello, durante su intervención Aguilar Camín no se limitó a aclarar los señalamientos que indirectamente se le hicieron. Por el contrario, asumió, indistinta y alternadamente, el papel de agraviado, defensor de Enrique Peña Nieto, periodista, abogado de Televisa, crítico del gobierno de la ciudad de México y profesor en ciencias de la comunicación. Justificó su participación en el programa Zona Abierta de Televisa, señalado en los trabajos de Jenaro Villamil como parte del convenio entre el gobernador del estado de México y la televisora. El historiador arguyó que él no fue responsable del manejó de las finanzas, porque la comercialización la realizaba otra empresa.

Pero la autodefensa del novelista duró realmente muy poco tiempo. Breves instantes después de iniciarla, abandonó su papel de víctima para atacar a Villamil, defender al exgobernador mexiquense y a Televisa, y presentarse como el juez supremo del periodismo que dice quién es periodista y cuándo es legítimo proteger la identidad de una fuente.

Visiblemente alterado, levantando la voz y arrebatando la palabra, el autor de Morir en el Golfo quiso desacreditar a Villamil. Se refirió a la documentación ofrecida por el periodista como un papelito. Y, de paso, trató de desacreditarlo diciendo que su “credencialita deProceso” no valía nada. Jenaro Villamil se negó a dar a conocer la fuente que le proporcionó los datos sobre los gastos de Peña Nieto en Televisa, argumentando la necesidad de proteger a los informantes cuando están en peligro. Su fuente, dijo a Aguilar Camín, “está dentro de la empresa en la que trabajas, Héctor”.

El periodista de Proceso publicó hace más de cinco años la información que explica cómo se construyó un plan de acción que, desde 2005 a 2011, impulsó la figura del mexiquense como un político en busca de la Presidencia de la República.

En este plan desempeñó un papel central la empresa Tv Promo, Radar Servicios Especializados –brazo político y financiero de Televisa–, que se le otorgó al futuro candidato asesoría y promoción en medios de comunicación. Así, por ejemplo, Alejandro Quintero Íñiguez es, simultáneamente, miembro de la junta directiva y del comité ejecutivo de Televisa, y accionista e integrante del consejo de Grupo Tv Promo.

Curiosamente, Quintero y Aguilar Camín son amigos muy cercanos, de muchos años, y socios desde la época en que crearon la empresa Quan (por los apellidos de Quintero, Aguilar y Bruno Newman).

Sospechosamente es hasta ahora, más de cinco años después de aparecida la información, que, en plena campaña electoral, justo después de que Andrés Manuel López Obrador la utiliza en el debate del pasado domingo como parte de sus argumentos contra Enrique Peña Nieto, que Aguilar Camín responde. No lo hizo antes, dijo a Aristegui, porque le parecía una sandez.

Intelectual mutante llamó el expresidente Carlos Salinas de Gortari a Héctor Aguilar Camín. Pudo haberlo calificado, también, de manera más directa, como un profesional del acomodo.

El exmandatario sabe de lo que habla. Durante muchos años fue su publicista de cabecera hasta que saltó al barco del zedillismo, cuando su amigo cayó en desgracia y se convirtió en un personaje incómodo. Julio Scherer documentó este viraje del escritor en La terca memoria.

Para refrescarle la memoria a su antiguo consejero, Salinas escribió en abril de 2011: “Tal vez por sus mutantes afinidades, Aguilar no recuerda ahora la reunión que tuvimos en la tarde del 21 de agosto de 1994, el día de la elección presidencial, mientras se cerraban las casillas electorales en el país, sentados en el jardín de la residencia oficial de Los Pinos (…) el intelectual me dijo que esa elección era ‘un avance sin precedente en la vida democrática de México’”.

El actual salto al ruedo de Aguilar Camín es el anuncio de una acción más decidida de los intelectuales mediáticos en la defensa de Peña Nieto en la fase final de la campaña. En la hora en la que propaganda, entretenimiento e información se mezclan para dar cuenta de lo que Jacobo Zabludovsky llama el Gran Circo Primero Julio, único circo de cuatro pistas en el mundo, las voces y plumas de los concesionarios de la radiotelevisión se aprestan, como modernos espadachines, a batirse a fondo contra aquellos que denuncian que la candidatura del mexiquense es una creación del Canal de las estrellas, socios, derivados y conexos de la República Mexicana.

No hay en ello novedad. La historia de este maridaje viene de atrás. Después de las elecciones federales de 2009, un número importante de analistas políticos concluyeron que el regreso del tricolor a Los Pinos en 2012, y la candidatura presidencial de Enrique Peña Nieto eran un hecho consumado.

Desde la barra analítica de Televisa, diversos comunicadores orgánicos vaticinaron la imagen de un candidato invencible y el inevitable retorno de Atlacomulco reloaded. ¡Eso, tres años antes de la realización de los comicios!

Ahora, las cartas están sobre la mesa. La pretensión de descalificar con estridencia y patanería a los críticos de Peña Nieto, y fijar el canon periodístico, anuncia la forma en la que se pretende tratar a la prensa independiente y las voces críticas si el candidato tricolor triunfa en los comicios.

 

 

 

La fuenteovejuna de López Obrador

 

Héctor Aguilar Camín / Día con día / Milenio Diario

haguilarc@prodigy.net.mx

 

Está muy bien instalada la red de insultantes que sirve a Andrés Manuel López Obrador. Apenas les molesta algo, empiezan a aparecer tuiteros anónimos, inventados, camuflados, repetidos y vueltos a inventar, para crear la impresión de que hay una oleada de opinión en contra del sacrilegio en turno.

Hay espontáneos genuinos, pero son parte de la misma marea, creada por otros. Rápidamente, la oleada se vuelve nota en medios periodísticos afines a la causa de esta extraña república lopezobradorista que dice amar, pero está llena de odiadores.

Una vez publicados los insultos, la cargada adquiere objetividad para los espontáneos. Y se vuelve pura utilidad para los maliciosos, quienes repiten lo publicado como un registro independiente, como si no fueran ellos sus fuentes.

Muchos habitantes de este submundo de la opinión pública radical son incondicionales de López Obrador, tuiteros de consigna que no pueden decir su nombre, a los que todo se les va en seudónimos idiotas y autorretratos cursis. Fuenteovejunos anónimos.

No me dirijo a ellos en este texto, sino a su referencia y guía, López Obrador, candidato absoluto de la república del odio tuitero, donde tantos están dispuestos a insultar y calumniar en su nombre.

Razones personales de antiguo cariño y amistades recíprocas me han hecho mantener hacia López Obrador una actitud especialmente cuidadosa, precisamente para no cruzar los límites del respeto personal y la contención civilizada que sus seguidores cruzan cada día, atacando, infamando, calumniando, derogando a todos a los que se imaginan, con un ojo estrábico y el otro ciego, enemigos de su causa.

He aprendido de los abogados que cuando un perro muerde a alguien, no hay que demandar al perro, sino al dueño del perro. Y como creo que López Obrador es el mayoral político de esta jauría, me dirijo a él en este texto, evitando rodeos y hablando de lo que pienso sin tapujos, como él diría.

Le digo, con todo respeto, como él diría también:

Diga usted, ciudadano López Obrador, a sus enjundiosos partidarios que dejen de ladrar, porque acaban logrando sólo que otros ladren como ellos, y terminen ladrándole a usted. Añado lo que sabemos usted y yo del mismo sitio: no sólo no hay enemigo pequeño, ciudadano, tampoco hay amigo pequeño, por distante o adversario que parezca.

 

 

 

Permiso para hacer televisión

 

Héctor Barragán Valencia

hector_barragan@hotmail.com

 

Para que se sepa quién es quién en México, las televisoras, en un alarde de poder y desdén por cualquier otra cosa que no sean sus sacros intereses pecuniarios (medidos por el rating), dieron la espalda a la frágil democracia mexicana: Televisión Azteca, en un alarde de prepotencia, rechazó transmitir el debate entre los cuatro candidatos que contienden por la Presidencia de la República, en su lugar, televisó el partido de futbol del Morelia, equipo del que es propietaria. La empresa Televisa, más astuta y cauta, emitió el 6 de mayo el debate por su Canal 5, y reservó el Canal 2, el estelar, para televisar un concurso de baile. Si la gente prefiere ver un partido de futbol o un show de baile en lugar de un debate político, aunque este último involucre a nuestro bienestar, sólo es síntoma de cómo las televisoras han moldeado e influyen en nuestros gustos.

En un memorable ensayo, llamado Permiso para hacer televisión, sobre la libertad de las televisoras para producir y emitir los programas y la información que les venga en gana, el filósofo liberal vienés Karl R. Popper escribe sobre la complejidad del tema, pues toca un asunto muy caro para las democracias, a saber, la libertad de expresión; pero también implica otro tema igualmente relevante: la libertad política. La solución que propone Popper para preservar la libertad de expresión y la autonomía de la esfera política sobre los poderes fácticos, es óptima: para garantizar la libertad de expresión de las televisoras propuso establecer un permiso para hacer televisión, condicionado a producir programas edificantes; y para salvaguardar la libertad política planteó que “todo poder, cualquiera que sea su origen, debe someterse al control y al escrutinio públicos”. El interés privado no debe subordinar al Estado.

¿Por qué la televisión debe producir programas edificantes? Espectáculos de rating superior como Big BrotherLa academiaEl rival más débil, etcétera, promueven el arribismo (agandalle, se dice en lenguaje vernáculo), el individualismo feroz, la trampa, la deslealtad, la deshonestidad, la sospecha, la insolidaridad entre las personas. En una palabra, generan desconfianza. Empero, la confianza es un ingrediente fundamental para la integración social, así como para formar asociaciones públicas y privadas que promuevan, por un lado, la libertad política y, por otro, la conformación de negocios. Claro, son programas muy populares, porque se nos formó para gustar de ese tipo de cosas, pues la televisión es la gran educadora de la sociedad moderna. ¿Debemos pagar tan alto costo social y político para proteger las ganancias de las televisoras? ¿Por qué no evaluamos y regulamos a las televisoras, igual que a los profesores?

 

 

 

PRI-PVEM: El negocio de las medicinas

 

Juan José Morales

kixpachoch@prodigy.net.mx
Gran parte de la propaganda del llamado Partido Verde Ecologista de México se ha centrado en la demanda de que el IMSS y el ISSSTE le den a sus derechohabientes vales para adquirir medicamentos. No exige que haya un abastecimiento adecuado de medicinas, como sería lo más indicado, sino que se compren en farmacias privadas.

Ello le pareció muy razonable a Enrique Peña Nieto, quien públicamente –y así lo ha anunciado a través de sus mensajes– la adoptó como demanda priísta y se comprometió a que, de llegar a la Presidencia, se darán los famosos vales.

No es casual, sin embargo, que la familia de Jorge Emilio González, mejor conocido como El Niño Verde, propietario y administrador del PVEM, sea propietaria de grandes cadenas de farmacias. El tío Víctor González Torres, comercialmente llamado Doctor Simi, posee la gran cadena de Farmacias Similares, que comprende cerca de 4 mil establecimientos en México, Centroamérica, España y Sudamérica. Otro tío, Javier, es dueño de la cadena de Farmacias del Ahorro (Farmacias del Arrobo).

No se necesita, pues, mucha imaginación para adivinar en qué farmacias se harían efectivos los prometidos vales de medicinas y quiénes se llenarían los bolsillos con estas ventas, desde luego a precios muy superiores a los que el IMSS y el ISSSTE pagan en compras al mayoreo. Y no se requiere tampoco mucha imaginación para adivinar que una vez establecido tal procedimiento, se generalizarán la escasez de medicinas en esas instituciones y la entrega de vales.

No es esta la primera vez que se mezclan la política y los negocios farmacéuticos de la familia González en una alianza PRI-PVEM. A finales de 2005, se aprobó en el Congreso de la Unión una iniciativa de ley presentada por el PVEM que daba manga ancha para la manufactura de medicamentos copiados de las fórmulas originales. El principal beneficiado con esta nueva disposición fue el tío Víctor, que pudo comenzar a fabricar medicamentos genéricos sin tener que someterlos a las rigurosas pruebas denominadas de biodisponibilidad y bioequivalencia que la ley les exige en Estados Unidos y otros países.

Por sí solo, el PVEM, con su pequeña representación en la legislatura, no hubiera podido lograr la aprobación de la ley. Pero el PRI se encargó de aportar los votos y de realizar el cabildeo necesario para obtener el apoyo de otros legisladores. A cambio, el partido del Niño Verde, que en las elecciones de 2000 se había aliado con el PAN, rompió su relación con éste y se sumó a la candidatura presidencial del priísta Roberto Madrazo, que por cierto sufrió una aplastante derrota.

Ahora, en una componenda semejante, el PVEM se pone al servicio del PRI a cambio de que se entregue a la familia González otro negocio mucho más suculento: el de surtir vales de medicinas para los derechohabientes del IMSS y el ISSSTE.

Hace poco, en esta columna, comentábamos que –como se dice en el lenguaje popular– ya había aparecido el peine detrás de los esfuerzos de El Niño Verde por hacerse de una senaduría en Quintana Roo: apoyar los intereses inmobiliarios de su familia, la cual posee en las vecindades de Cancún una considerable extensión de terrenos que adquirió muy baratos pero multiplicarían astronómicamente su valor si se cambia el uso de suelo y se permite urbanizarlos, cosa que el verde infante considera poder lograr por sus influencias como senador.

Ahora podemos decir que ya apareció el otro peine de su maridaje con el PRI: el multimillonario negocio de las medicinas.

 

 

 

La candidata machista

 

Rodolfo Echeverría Ruiz / El Universal

echeverriarodol@prodigy.net.mx

 

Con voz destemplada y cansino sonsonete monocorde, la candidata presidencial del PAN, doña Josefina Vázquez Mota, ha dicho, una y otra vez,  tener “los pantalones muy bien puestos”.

Ella y sus asesores no dan pie con bola. La frase es de un excelso mal gusto. De escasa imaginación, también  es desafortunada e impertinente. Siembra y esparce  dudas y temores, en especial, entre las mujeres de todas las edades y procedencias sociales, políticas y culturales.

Convencidas de los imperativos morales surgidos  acerca de la digna lucha femenina a favor de la equidad de género, muchas mujeres –las he oído en diversas ocasiones recientes–, indignadas, se preguntan: ¿Tienen acaso mayor inteligencia y valentía los pantalones que las faldas? ¿Son los pantalones símbolo inequívoco de capacidad resolutiva, carácter firme y honradez? ¿No son merecedoras de crédito y confianza las mujeres que usan faldas? ¿Son debilonas o blandengues las que no llevan pantalones o lo hacen de cuando en cuando? ¿Son los pantalones la representación del arrojo y las faldas la de la cobardía y la pusilanimidad?

Doña Josefina es misógina: tiene aversión política hacia las mujeres, las considera partiquinas, integrantes de un género subalterno, incapaces de tomar decisiones por sí mismas, imperitas en los asuntos del Estado, negadas para discurrir y pensar por cuenta propia.

Dice tener “muchos pantalones”, porque eso de las indecisas faldas –en el muy igualitario concepto de la señora Vázquez Mota en torno de la vida, del género y de la política– es propio de mujeres inhibidas o anuladas carentes de consistencia y personalidad. Toda una hermosa declaración de principios: me conduzco como si fuera hombre porque las mujeres no nacieron para gobernar.

Quién lo diría: la señora Vázquez Mota es machista. No cree en la misión ni en la fuerza femenina, ni en sus capacidades intelectuales y críticas,  ni en su aptitud para analizar y decidir. Si alguna quiere participar en la transformación democrática del país debe, según doña Josefina, “tener muy bien puestos los pantalones”. La traiciona en el inconsciente un oblicuo ánimo autoritario: ha perpetrado un golpe demoledor contra la autonomía de la condición política y social de las mujeres.

Su frase es un autogol  –¿cuántos lleva ya?– y un agravio, una ardiente bofetada que ella asesta en la mejilla de cientos de miles de mujeres enhiestas, autosuficientes, forjadas en la áspera lucha cotidiana dentro de una sociedad dispareja, organizada y regida, precisamente, por quienes usan o pretenden usar pantalones e intentan gobernar con ellos aunque, a veces, eso tampoco resulte cierto.

A partir de ese machista lema de combate, con semejante desprecio hacia sus congéneres, nos dice –no de manera implícita o tácita, sino expresa e incontrovertible– que, para ella, las mujeres son sensibleras o románticas o emotivas o, de plano, ineptas para caminar por el mundo sin la esclarecida guía masculina.

Y además: no está dispuesta a ceder un ápice ni a negociar con nadie: “¡Voy derecho y no me quito!”, gritó, con la garganta en carne viva, al protagonizar uno de sus patéticos desplantes, necesitada como está la señora de que se le crea mujer con arrestos sobrados, aunque ese augusto lema  (“¡Voy derecho y no me quito!”) denuncie no a una persona dotada de enérgico temperamento político sino a otra, insegura, urgida de reconocimiento, intolerante e inflexible, perfiles distintivos de tiranuelos y no atributos propios de gobernantes modernos.

“¡Soy una mujer con muchos pantalones!” y “¡Voy derecho y no me quito!”, son ruidosos –y ruinosos– manifiestos políticos inherentes a la misoginia machista anidada en el alma de doña Josefina.

            El “¡Voy derecho y no me quito!” delata a una persona que no oye razones, que hace siempre su santa voluntad y a quien no le importan los medios a emplear con tal de conseguir los fines ambicionados. El “¡Voy derecho y no me quito!” retrata a doña Josefina de cuerpo entero: es terca y  rígida.

            “¡Voy derecho y no me quito!” es la evidencia del empecinamiento, no la de la tenacidad; es el grito atolondrado nacido en las íntimas cuevas de la intolerancia. Asusta que doña Josefina sea una persona proclive, como se ve, a las ideas fijas, escasas, eso sí, pero fijas.

El grito de marras es una frase desesperada que proyecta el estilo caprichoso de una señora incapaz de rectificar.

Va derecho y no se quita no porque sea valiente –o, acaso, temeraria–  sino porque es atrabancada y no escucha a nadie. Sólo a ella misma.

 

 

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Esta entrada fue publicada el 21 de mayo de 2012 por en ELECCIONES 2012.

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